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Satanismo, Brujería y Modas Culturales

Artículo publicado bajo previa autorización perteneciente a la serie Informe sobre Sectas

Autor: Oscar Gerometta [ogerometta@gmail.com]


El título de este artículo está inspirado en un trabajo realizado hace ya mucho tiempo por Mircea Eliade. A pesar del tiempo transcurrido los cristianos seguimos utilizando el término "satánico" o "satanismo" para calificar toda actitud ritual ajena al cristianismo o a las llamadas grandes religiones históricas.
Así muchos escritos de los que circulan masivamente hoy, agrupan en un mismo conjunto con alguna leve distinción o aclaración, a cultos animistas, primitivos cultos de la naturaleza, cultos paganos, y grupos de corte claramente satánico. Esto se ve complicado aún más por un conjunto de modas culturales que van desde la Nueva Era hasta los grupos "dark" o el moderno "vampirismo", que retoman muchos de estos elementos antiguos pero fuera de su contexto original y le dan una impronta nueva, muchas veces confusa y con más difusión cultural que fundamento doctrinal o ritual.

El Satanismo
El satanismo propiamente dicho como adoración de Satanás es una realidad religiosa comprensible solamente en el contexto del judeo-cristianismo con el cual está histórica, doctrinal y ritualmente ligado.
"Satán" aparece en el Antiguo Testamento y es objeto de discusión entre los teólogos judíos y cristianos si se refiere a una entidad personal que se muestra como antagónica al Creador, o simplemente se refiere a un miembro de la corte angélica que desempeña la tarea de fiscal o acusador de aquellos que son infieles a Dios.
De hecho, el cristianismo asume la existencia de una entidad angélica -y consecuentemente personal- que rechazó en los orígenes de modo explícito el amor de su Creador, dando lugar a una división que atraviesa la historia entre los fieles a Dios y aquellos que rechazan su amor creador y redentor.
El Satanismo propiamente dicho, es entonces una derivación de la convicción judeo-cristiana de la existencia de un ser personal, inferior en categoría y potestad a Dios, pero muy superior al hombre. Personal, pero no divino, desde la perspectiva monoteísta del judaísmo y del cristianismo.
Sin embargo, el Satanismo contemporáneo tiende a tener una visión dualista de la divinidad, concibiendo a Satanás como un ser tan poderoso o más que Dios.
Pero por otra parte no se trata de una adoración simple y sencilla de Satanás. Si bien en términos populares muchas veces se los confunde, el Satanismo contemporáneo se diferencia explícitamente de la brujería en varios aspectos:
  • La brujería es una religión de la naturaleza, que celebra las fuerzas naturales en las cuales descansa su fe y convicción. El Satanismo contemporáneo rechaza la existencia de toda realidad sobrenatural y consiguientemente de estos poderes supranaturales.
  • Los satanistas conciben su camino de iniciación como el desarrollo intelectual de la conciencia existencial individual, mientras que los cultos de la naturaleza se abandonan a una disciplina de estímulos y respuestas semiracionales para implementar los poderes de la naturaleza de acuerdo a sus objetivos.
  • El Satanismo desarrolla la denominada Trayectoria de la Mano Izquierda, o Magia Negra cuya fórmula central es "Que se cumpla Mi Voluntad". Los cultos de la naturaleza siguen la Trayectoria de la Mano Derecha o Magia Blanca que se sostiene en la fórmula "Que se cumpla Vuestra Voluntad".
  • Los ritos de iniciación, en la brujería como en otras religiones de la naturaleza, representan una integración del individuo a la sociedad. Por el contrario, en el satanismo los ritos de iniciación son una representación de un cambio individual en el que se despiertan energías individuales que pueden ser utilizadas en un contexto social o no.
Podemos distinguir al menos 3 grandes conjuntos de grupos satanismas:
  • Los que adoran a Satanás como principio del mal y buscan a través de sus ritos y costumbres captar su beneplácito y con él el poder de actuar sobre la naturaleza. Este grupo tiene una elaboración doctrinal sencilla y se asienta más fuertemente en conjuntos de rituales y la aceptación de esquemas de conducta prefijados.
    La doctrina de estos grupos se basa en un espíritu de negación de todo lo relacionado con el cristianismo, su fe, doctrinas, prácticas y ritos. Su "espiritualidad" aspira a ganar el beneplácito de Satanás para recibir sus poderes o evitar sus ataques.
  • Los que sostienen que en realidad Satán es el verdadero Dios, y que el Dios de los cristianos es el principio de la mentira, tan mentiroso que habría hecho creer a todos que es el Dios verdadero. Este Satanismo es de corte más intelectual, tiene una estructura doctrinal más sofisticada y tiende a poner menos el énfasis en los aspectos mágicos.
  • Los que refieren a Satanás como un elemento puramente simbólico ya que rechazan la existencia de un verdadero orden sobrenatural y se centran en el desarrollo personal de la conciencia, la libertad o el placer del hombre.
Como grupos claramente satánicos del tercer tipo que mencionamos, podemos encuadrar a la Iglesia de Satanás y al Templo de Seth.
Si bien los orígenes e historia del satanismo se confunden con los del esoterismo y los movimientos ocultistas (2 doctrinas claramente diferentes); y se discute la existencia de cultos satánicos como los que nos ocupan aquí antes del siglo XX, el satanismo reconoce antecedentes que pueden ser organizados en al menos 3 etapas de la historia de Occidente:
    • siglos XVI a XVIII - Hay relatos documentados de la existencia de movimientros de tipo satanista tanto en Francia como en Italia, Inglaterra y Rusia. Un elemento documental a tener en cuenta es la publicación en 1821 de los "Farfadets" por Berbiguier, que recoje sucesos ocurridos presuntamente entre los siglos XVII y XVIII.
    • El período clásico (1821 - 1952) - De la mano de la publicación de los "Farfadets" y otros escritos se manifiesta un resurgir del ocultismo y el satanismo en Francia, donde se genera un movimiento clandestino de proporciones considerables.
      En la segunda mitad del siglo XIX desarrolla su actividad literaria Eliphas Lévi (Adolphe-Luis Constant, 1810-1875), cuyos escritos tuvieron amplia difusión e influencia.
      Entre 1870 y 1890 se publican los escritos ocultistas de Joris-Karl Huysmans.
      Otro autor de ese fin de siglo que alcanzará amplia difusión e influencia en los ambientes ocultistas fue Papus, fundador de la Orden de los Martinistas
      Pero el climax se alcanza a partir de la figura de Aleister Crowley quien en 1904 publica su "Libro de la Ley", dando origen a la Orden de Thelema y el movimiento thelemita. Crowley es el gran inspirador del satanismo y el movimiento contra-cultural contemporáneo.
    • Satanismo contemporáneo - Gira fuertemente en torno a la figura de Anton Szandor La Vey, quien en 1966 registra su Iglesia de Satanás.
De esta manera, en los grupos satánicos actuales hay que reconocer 2 dimensiones que están presentes en cada caso en diferente proporción:

  • Satanismo de Protesta . Se suele denominar de esta forma a las doctrinas que tienen un claro punto de partida cristiano y que por lo tanto aparecen como rebelión expresa a los preceptos del cristianismo. En este contexto se comprende al satanismo como un movimiento liberador de los hombres engañados y despreciados por las iglesias y la sociedad en nombre de Dios.


  • Satanismo Gnóstico . Se centra en la búsqueda y comprensión de una doctrina sapíencial que (según afirman los satanistas) ha sido mantenida oculta a través de los siglos por las iglesias y el poder político para mantener a los hombres sumidos en la ignorancia. Sus puntos más destacados son la absolutización del individualismo, la preservación de la propia vida y la exaltación de la búsqueda del placer personal y el poder como camino de perfección personal.
También hay que tener presente que la demonología no es exclusiva del judeo-cristianismo, pero la asociación de los conceptos de bien y mal moral que en Occidente van asociados a Dios y al Demonio respectivamente, si lo son.
En el contexto judeo-cristiano Dios es pura bondad sin mancha alguna de maldad y no existe el mal esencial ya que el mismo Satanás ha sido creado por Dios y en este sentido tiene una base de bondad que rechaza. Esto el Satanismo lo ha cambiado al comprender a Satanás como el mal esencial.
Pero por otro lado, en las religiones no-cristianas esta división no es tan tajante, y los dioses tienden en todos los casos a manifestar aspectos positivos y negativos, si bien cada uno de ellos con un balance diferente. En este sentido no podemos generalizar el concepto de Satanismo propio de un contexto cultural cristiano a culturas paganas, con una percepción diferente de la explicación del problema del mal en el mundo. Lo que si debemos tener presente es que, aún cuando el satanismo gnóstico incorpora divinidades, rituales y conceptos procedentes de religiones paganas pre-cristianas, su surgimiento y núcleo conceptual sólo son comprensibles en un contexto cristiano.
En términos generales y aún manteniendo grandes diferencias doctrinales y rituales, estos grupos tienen algunos elementos en común:
  • Una actitud de desprecio o rechazo -según el caso- hacia el orden social, político, cultural y religioso de Occidente que los lleva a erigirse como grupos herméticos que operan de modo subterráneo y sin interés por el bien común.
  • La certeza de la posesión de un conocimiento o sabiduría que ha permanecido oculto al común de los hombres y que les da superioridad y poder. Esta convicción es la que refuerza y da justificación intelectual a su carácter hermético.
La Brujería
Una consideración particular de estas manifestaciones paganas merece en nuestros días la brujería. Muchas veces se tiende a identificar la brujería con el satanismo, sin embargo, se trata de dos realidades completamente diferentes.
La brujería corresponde al contexto de las religiones pre-cristianas, particularmente a los cultos de adoración a las fuerzas de la naturaleza, y por lo tanto no se encuentra ligado en su origen a los conceptos de bien y mal propios del cristianismo.
Claro que en los primeros siglos del cristianismo, durante su proceso de expansión, los cristianos se encontraron con estos cultos de la naturaleza, sus sacerdotes y prácticas, y debieron dar respuesta a ellos. El principio de razonamiento fue sencillo: los cristianos no conocen otro poder que el poder de Dios; todo lo que no provenga de Dios solo puede provenir de su adversario, el demonio. Por lo tanto, quienes invocan un poder que no es el poder de Dios, invocan el poder de los demonios y por lo tanto son adoradores del demonio.
Este razonamiento llevó a considerar a todos los seguidores de los sacerdotes que adoraban las fuerzas de la naturaleza como por ejemplo los druidas y las brujas del centro de Europa como adoradores de Satanás; y a sus cultos, como cultos satánicos. Así comprendió a la brujería la Inquisición tanto en regiones católicas como luteranas y anglicanas; a punto tal que algunos autores han llegado a afirmar en su momento que en realidad la brujería era solamente una consecuencia ("invención" dijeron algunos) del accionar de la Inquisición.
Sin embargo, estas creencias están muy lejos de las que describimos en el apartado anterior y desde sí mismas nada tienen que ver con la adoración del mal. No se debe confundir la adoración de Satanás con la adoración de las fuerzas de la naturaleza propia de las religiones europeas pre-cristianas.
En estos términos los sacerdotes y sacerdotisas de los antiguos cultos europeos pre-cristianos de la naturaleza genéricamente llamados brujos y brujas, fueron considerados adoradores de los demonios por invocar fuerzas distintas de las del verdadero Dios a los ojos de los cristianos. Ahora bien, estrictamente hablando, estos brujos y brujas no pueden ser considerados satanistas en los términos que precisáramos antes.
Dentro de este concepto de Brujería como culto a las fuerzas de la naturaleza, y brujo/a como el sacerdote o sacerdotiza de estos cultos, contemporáneamente podemos encontrar a la Wicca, el neodruidismo y otros movimientos semejantes que se caracterizan por celebrar el ritmo de las estaciones del año y otros fiestas de la naturaleza.
Algunos hitos en el desarrollo contemporáneo de la brujería pueden ser:
    • 1938 - Gleb Botkin funda la Iglesia de Afrodita.
    • 1940 - Gerald Gardner funda la Wicca.
    • 1965 - Alex Sanders se declara "rey de la brujería".
Estos cultos de la naturaleza y prácticas paganas han encontrado nuevo impulso en nuestros días a partir de la difusión del movimiento Nueva Era que si bien no coincide completamente con la brujería comparte sus ideales ecológicos y de comunión con la naturaleza, su culto a una diosa madre y la preocupación por el retorno a "lo natural".
En este reverdecer de la brujería se pueden reconocer diversas vertientes, entre ellas destacan el Neodruidismo y el Neopaganismo:
  • Neodruidismo - Movimiento de restauración de las doctrinas, ritos y prácticas de los antiguos druidas.
    Su antecedente inmediato se puede hallar en el siglo XVI, si bien el grupo druídico más antiguo funcionando en la actualidad es la Druid Order, fundada en 1717.
    El druidismo primitivo, si bien tenía rituales y creencias propias, carecía de libros sagrados. Esto dificulta seriamente la posibilidad de conocer en qué consistían esas creencias y rituales en la realidad, por lo que es muy posible que ningún ritual de los actuales sea la restauración de los verdaderos rituales Druidas anteriores al Cristianismo.
    El neodruidismo se encuentra reconocido como religión en Inglaterra.
    Hay múltiples organizaciones que pertenecen a este movimiento: Amigos de la Tradición Celta, Colegio Druida de la Gran Encina Celta, Confraternidad Filosófica de los Druidas, Fraternidad de los Druidas Bardos y Ovantes, Iglesia Céltica Reformada, Sociedad Céltica Internacional, etc.
  • Neopaganismo - Se trata de un movimiento de retorno al Paganismo pre-cristiana. Se trata de un terreno inmensamente amplio y una denominación ambigua que incluso ha sido adoptada en algunos casos por movimientos de corte satánico.
    Se muestra como una propuesta de superación del monoteístmo judeo-cristiano como símbolo de intolerancia y el totalitarismo, y encuentra en el politeísmo la fuente de la tolerancia y el pluralismo.
    Sostiene que el paganismo ha subsistido de un modo subterráneo durantes los 2 milenios de Cristianismo en Europa.





En este amplio marco neopagano, se encuentran tanto movimientos como el odinismo y el neodruidismo, como otros ajenos al tema que nos ocupa en este artículo como son los movimientos afroamericanos y las religiones indígenas de América.
  • Odinismo - Movimiento de restauración de algunos rasgos del culto de Odín, Dios germánico venerado en los países escandinavos y Alemania como divinidad de la guerra de personalidad vehemente.
    En la actualidad está representado por el Comité Odinista de Inglaterra y la Comunidad Odinista.
Sintetizando
Muchas veces cuando hoy escuchamos hablar de satanismo y cultos satánicos se tiende a confundir varios elementos diferentes:
  • Modas contra-culturales tales como el movimiento dark o el gótico propios de grupos underground. Si bien en estos movimientos hay elementos doctrinales tomados principalmente de la Wicca y formas de conducta claramente sectarias, no se pueden identificar unívocamente con los otros grupos. Se podría hablar quizás de satanismo por imitación o asimilación de slogans y comportamiento difundidos por cantantes y grupos underground.
  • Brujería: conjunto de movimientos, prácticas y creencias que propugnan un retorno a las religiones pre-cristianas de culto a la naturaleza. Se diferencian claramente del satanismo y no pueden ser considerados satanistas en sentido propio.
  • Grupos de satanistas que promueven y/o practican de una forma u otra ritos de invocación y adoración a Satanás ya sea que lo consideren un ser personal realmente existente o un puro símbolo.
Poder mantener estos tres elementos como claramente diferentes nos permitirá, no sólo tener una idea acabada de la magnitud de este fenómeno, sino también poder generar respuestas acertadas en cada caso concreto.

Diccionario Bíblico de la N a la Z

Diccionario Bíblico de la A a la M

El decreto de la infalibilidad del papa

El decreto de la infalibilidad.

La «Constitución Dogmática sobre la Iglesia», Pastor Ae­ternus, que define la infalibilidad papal, empieza con un prólo­go sobre la institución y fundamento de la Iglesia que, si bien menciona Juan 17:20, se olvida de Efesios 2:20, texto que en­seña claramente que la verdadera Iglesia de Cristo tiene por fundamento no sólo al apóstol Pedro sino a todos los apósto­les.[i][i] Además, el documento Vaticano no tiene en cuenta el verdadero alcance de las palabras de Jesús en Juan 17:20 y 55. Por ellas, el Señor señala la palabra misma de los apóstoles, y no la de sus sucesores, como el fundamento único de la fe de quienes han de creer en los siglos venideros. En sana exégesis, este texto apunta a la Biblia (en donde tenemos registrados in­faliblemente las palabras apostólicas) como el fundamento de la Iglesia y no sólo al apóstol Pedro, y mucho menos a unos hipotéticos sucesores suyos. Un fundamento es algo único, que se coloca una vez por todas. De lo contrario ya no es fundamento. De ahí la impropiedad de hablar de un fundamento que se prolonga indefinidamente. Para ello, la teología vaticana ha de confundir, como es clásico en ella, la noción del episcopado con la del apostolado que el Nuevo Testamento, sin embargo, presenta como netamente distintas y diferenciadas.[ii][ii] No advierte que las Escrituras nos prohíben creer que los apósto­les fueran sucedidos como a tales por los obispos. Este prólogo anticipa, pues, ya todos los errores de la Constitución, expuestos en sus cuatro capítulos.
El Capítulo, que versa sobre «La institución del primado apostólico en el bienaventurado Pedro» dice que:
  "Según el testimonio de los Evangelios, el primado de jurisdicción sobre la Iglesia universal de Dios fue prometido y conferido inmediata y directamente al biena­venturado Pedro por Cristo Nuestro Señor. Porque sólo a Simón -a quien ya antes había dicho: «Tú te llama­rás Cefas» (Juan l:42), después de pronunciar su confesión; "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo", se dirigió el Señor con estas solemnes palabras; "Bienaven­turado eres Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, si no mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, y a ti te daré las llaves del Reino de los cielos. Y cuanto atares sobre la tierra, será atado también en los cielos; y cuanto desatares sobre la tierra, será desatado también en el cielo (Mateo 1:16 y 55.). Y sólo a Simón Pedro confirió Jesús después dc su resurrección la jurisdicción de pastor y rector supre­mo sobre todo su rebaño, diciendo; "Apacienta a mis corderos». «Apacienta a mis ovejas» (Juan 21:15 y ss.).
Es evidente que el v. 18 («Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia») tiene que ver con el fundamento de la Iglesia, el cual, como hemos dicho, está compuesto por todos los Apóstoles (Apocalipsis 21:14; Efesios 2:20) y en el que Pedro, aunque ocupa un lugar eminente, no es más que uno de los Doce. Ade­más, el v. 19 (que habla del poder de atar y desatar) y alude, en cierto sentido, al gobierno y disciplina en la Iglesia, no fue dicho solamente a Pedro, como pretende el decreto conciliar, sino a todos los Apóstoles, de acuerdo con Mateo 18:18.
 
Tampoco puede discernirse de Juan 21:15 y 55., si inter­pretamos este texto en su sentido natural y obvio, que Jesús confiriera a Pedro «la jurisdicción de pastor y rector supremo» de la Iglesia. Pedro había dicho que jamás negaría a su Señor (Mateo 26:33), mas la triste realidad es que le negó tres veces y en público. Luego que se hubo arrepentido, Jesús quiso res­taurarlo en su oficio apostólico también públicamente. Si estas palabras sólo se dicen a Pedro, es porque sólo, Pedro negó tres veces al Maestro delante de la gente. La cuestión repetida tres veces: «Simón, ¿me amas más que éstos?» alude a su presun­ción antes de su triple caída y corresponde a la triple negación. Jesús, con aquellas palabras, desea restituirlo. Y desea hacerlo públicamente. «Apacienta mis ovejas» le repite también tres veces. Jesús quiere demostrar que Pedro no ha caído en una apostasía final y definitiva.
  Deducir, pues, de estas palabras de Cristo lo que deduce el Capítulo 1 de la Constitución Dogmática vaticana, es a todas luces infundadas. Dios encomienda a un pastor de su Iglesia que apaciente sus ovejas, no le confiere con ello ningún mono­polio especial de autoridad, sino una obligación de servicio pas­toral. Además, todos los ministros de la Iglesia tienen el deber de cumplir las palabras dirigidas a Pedro: «Apacienta mis ove­jas»;  ¿o es que acaso el deber de los demás es inferior? No lo deducimos así de las palabras que Pablo dirige a los ancianos de Efeso: «Apacentad el rebaño» (Hechos 20:28). Apacentar y alimentar el rebaño es deber de todo pastor, no sólo del Após­tol Pedro. A éste tuvo que recordárselo porque sufrió una la­mentable caída. Pero querer encontrar en este pasaje la solem­ne investidura que convierte al Apóstol Pedro y a los romanos pontífices en poseedores de la plena y suprema potestad de ju­risdicción sobre la Iglesia universal; equivale a hacer decir a la Escritura lo que queremos que diga, no lo que dice real­mente.
  El cap. I termina con un canon que reza así:
  "Si alguno dijere que el bienaventurado Pedro Apóstol no fue constituido por Cristo Señor, príncipe de todos los Apóstoles y cabeza visible de toda la Iglesia militan­te, o que recibió directa e inmediatamente del mismo Señor nuestro Jesucristo solamente primado de honor, pero no de verdadera y propia jurisdicción, sea anate­ma".[iii][iii]
  Este canon, en forma de condenación, resume las líneas finales del Cap. I que se oponen al antiguo principio que inter­preta este primado de jurisdicción como privilegio de toda la iglesia y también arremete contra quienes veían esta jurisdic­ción en la Iglesia Universal, de la cual pasaría al papa como ministro de la misma. Si examinamos estos textos a la luz de los primeros siete concilios ecuménicos y, sobre todo, a la luz de los decretos de Constanza y Basilea, nos damos cuenta, per­fecta y rápidamente, de las grandes contradicciones históricas en que incurrió el concilio Vaticano I.
  El capítulo II, que trata «De la perpetuidad del primado del bienaventurado Pedro en los Romanos Pontífices», pretende que la primacía está destinada a subsistir hasta el fin de los tiempos en los sucesores de Pedro y que tal sucesión pertenece a los obispos de Roma, y todo ello no por razón de los avata­res históricos sino por voluntad de Cristo mismo. Si el primer capítulo no entiende las Escrituras, éste desconoce la Histo­ria, y, como veremos más adelante, ignora el sentido de las citas de los autores antiguos sobre las que intenta apoyarse. El canon de este segundo capítulo establece:
  "Si alguno, pues, dijere que no es de institución de Cristo mismo, es decir, de derecho divino, que el biena­venturado Pedro tenga perpetuos sucesores en el prima­do sobre la Iglesia universal; o que el Romano Pontífice no es sucesor del bienaventurado Pedro en el mismo primado, sea anatema".[iv][iv]
  El capítulo III, «De la naturaleza y razón del primado del Romano Pontífice», está dividido en cinco secciones. La pri­mera afirma el primado con palabras tomadas del concilio de Florencia, aquel concilio que fue un fracaso en sus intentos de atraer a los orientales.[v][v] La segunda sección va dirigida claramente contra cualquier vestigio del viejo conciliarismo o galicanismo. Afirma inequívocamente, y bajó la forma de una definición dogmática[vi][vi] que el papa posee «el primado de potestad ordinaria», «inmediata» y «verdaderamente episco­pal», no Sólo en cuestiones de fe y costumbres sino igualmente en materias de disciplina eclesiástica. Este poder se ejerce lo misino sobre los pastores que sobre los creyentes y debe ser acatado no sólo con respeto sino con obediencia:
  "A esta potestad están obligados por el deber de su­bordinación jerárquica y de verdadera obediencia los pastores y fieles de cualquier rito y dignidad, ora cada uno separadamente, ora todos juntamente, no sólo en las materias que atañen a la fe y a las costumbres, sino tam­bién en lo que pertenece a la disciplina y régimen de la Iglesia».[vii][vii]
  Aunque no figura la palabra «monarquía», este documento presenta la constitución de la Iglesia como fundamentalmente monárquica.[viii][viii]
  La sección tercera, de este cap. III, es al decir de Dewan «la mayor concesión hecha a la minoría»[ix][ix] Los obispos son considerados como verdaderos pastores «cada uno dentro de la grey que le fue designada». Esto pretende responder a las objeciones de la oposición que denunciaba al ultramontanis­mo por querer convertir a los obispos en simples delegados del papa, condición a la que, sino de derecho, se vieron someti­dos de hecho en muchas épocas[x][x] y aún al presente, ¿qué eran sino meros delegados del papa aquellos obispos italianos, e incluso extranjeros nombrados para conseguir una mayoría dócil a las directrices vaticanas? Pero, como dice el católica Aubert: «El concilio se limitó a afirmar la coexistencia de las dos autoridades en la Iglesia (obispos y papas), sin entrar en explicaciones sobre la manera en que esta coexistencia es posible sin poner en peligro la autoridad real de una u otra autoridad»[xi][xi] El párrafo que pretende ser cortés con los obispos no es más que un florilegio de frases bonitas y nada más.[xii][xii] Se citan unas palabras de Gregorio Magno que fueron pronunciadas en circunstancias y por motivos completa­mente opuestos a la intención con que son usadas aquí, según veremos más adelante.
  La realidad simple y escueta es que los obispos quedan a merced del papa absoluta, completa e incondicionalmente. El dilema planteado a la minoría: sumisión o excomunión, habla elocuentemente sobre el particular.
  La sección cuarta defiende la libre comunicación del papa con los obispos y fieles de todo el mundo, y condena toda in­terferencia de la potestad secular.
  La sección quinta establece al papa como juez supremo de todos los fieles. Esto quiere decir que:
  "puede recurrirse al juicio del mismo (el papa); en cambio, el juicio de la Sede Apostólica, sobre la que no existe autoridad mayor, no puede volverse a discutir por nadie, ni a nadie es lícito juzgar de su juicio. Por ello, se salen fuera de la recta senda de la verdad los que afirman que es lícito apelar de los juicios de los Romanas Pontífices al concilio Ecuménico, como a autoridad su­perior a la del Romano Pontífice".[xiii][xiii]
  Con esta definición se quiere asestar el golpe de gracia tanto al episcopado como a la noción conciliar de la Iglesia Católica antigua. Con ella, se da carpetazo a casi mil años de historia y se desprecia el testimonio de los primeros concilios ecuménicos. Es la coronación de la obra de Hildebrando.[xiv][xiv]
  El capítulo IV, que se ocupa «Del magisterio infalible del Romano Pontífice» se divide en dos secciones de «argumentos». Tomados los de la primera de las profesiones de fe impuestas por Roma a los concilios IV de Constantinopla, II de Lyon y de Florencia.[xv][xv] La segunda sección pretende basarse en el consentimiento de la Iglesia de todos los tiempos. El razona­miento está hecho contemplando la historia de los primeros siglos de la Iglesia con lentes ultramontanos. Un historiador como Hefele no veía el mismo panorama; por esto se opu­so tanto desde su puesto en la comisión pontificia como en el aula conciliar, a que el concilio llegase a formular decisiones tan distanciadas de la verdad histórica. Para los teólogos del Vaticano I, los concilios de la antigüedad fueron con­vocados con el fin de dar «cuenta particularmente a esta Sede Apostólica (Roma, por supuesto) de aquellos peligros que sur­gían en cuestiones de fe, a fin de que allí señaladamente se re­sarcieran los daños de la fe, donde la fe no puede sufrir mengua».[xvi][xvi] Todo: concilios, obispos, sínodos, etc., habían sido usados por, y para, el papa. Lo que les sucedió a quienes redac­taron estos decretos es que aplicaron a la antigüedad las nor­mas que ellos mismos impusieron al Vaticano I y así hicieron decir a la historia lo contrario de lo que ella enseña.[xvii][xvii] El párrafo termina citando Lucas 22:32 para decir que «esta Sede de San Pedro permanece siempre intacta de todo error".
 Y la Constitución concluye, como remate, con la definición de la infalibilidad:
 «...creemos ser absolutamente necesario afirmar so­lemnemente la prerrogativa que el Unigénito Hijo de Dios se dignó juntar con el supremo deber pastoral.
"Así, pues, Nos, siguiendo la tradición recogida fiel­mente desde el principio de la fe cristiana, para gloria de Dios Salvador nuestro, para exaltación de la fe católi­ca y salvación de los pueblos cristianos, con aprobación del sagrado Concilio, enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado; Que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra -esto es, cuando cumpliendo su car­go de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia Universal-, por la asistencia divina que le fue prometi­da en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquel­la infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctri­na sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las de­finiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia.
"(Canon). Y si alguno tuviere la osadía, lo que Dios no permita, de contradecir a esta nuestra definición, sea anatema".[xviii][xviii]
Este texto separa al obispo de Roma del resto de los obis­pos y fieles para colocarlo por encima de toda la Iglesia, de manera que cualquier clase de cooperación de ésta queda excluida, para pasar a convertirse en sierva sumisa del papado.
Entre la teoría y la práctica media a veces un abismo. La Iglesia romana ofrece a su jefe, el papa, poderes infinitos. Pero el mayor o menor uso de los mismos está condicionado siem­pre a la personalidad de quien los detenta. Un pontífice de ca­rácter dominante, e imbuido de su oficio, como Pío XII, gober­nará a la Iglesia romana con mano férrea, acaparando poder tras poder y sirviéndose de los obispos como de sus auxiliares. En cambio; cuando las prerrogativas que el concilio Vaticano I ofrece a los papas, están vinculadas a un hombre de suyo so­ciable y amante del diálogo y la cooperación, estos poderes de jurisdicción y primado omnipotente no saldrán tanto a la superficie.
No obstante, el error está allí latente y lleno de posibilida­des cuyas consecuencias pueden resultar inevitables en cualquier momento. El error está allí amparado en la Constitución «Pas­tor Aeternus» que lanza un anatema final en contra de cuantos se atrevan a poner en duda la infalibilidad del papa.



[i][i]  Aquí el prólogo de dicha «Constitución»:

«El Pastor eterno, y guardián de nuestras almas (1 Pedro 2:25), para convertir en perenne la obra saludable de la redención decretó edificar la Santa Iglesia en la que, como en casa del Dios vivo, todos los fieles estu­vieran unidos por el vínculo de una sola fe y caridad. Por lo cual, antes de que fuera glorificado, rogó al Padre, no sólo por los Apóstoles, sino tam­bién por todos los que habían de creer en El por medio de la palabra de aquellos (los apóstoles), para que todos fueran una sola cosa, a la manera que el mismo Hijo y el Padre son una sola cosa (Juan 17:20 55.). Ahora bien, a la manera que envió los Apóstoles -a quienes se habían escogido del mundo-, como él mismo había sido enviado por el Padre (Juan 20:21); así quiso que en su Iglesia hubiera pastores y doctores basta la consuma­ción de los siglos (Mateo 28:20). Mas para que el episcopado mismo fuera Uno e indiviso y la universal muchedumbre de los creyentes se conservara en la unidad de la fe y de la comunión por medio de los sacerdotes cohe­rentes entre si al anteponer el bienaventurado Pedro, a los demás Após­toles, en él instituyó un principio perpetuo de una y otra unidad y un fundamento visible, sobre cuya fortaleza se construyera -un templo eterno...» Denzinger, núm. 1821.
 
[ii][ii] Cf. Oscar Cullmaun, «Saínt Pierre Apótre, Díscíple et Martyr». Delachaux-Niestlé. S.A. ed. Neuchatel-Paris, 1952.
 
[iii][iii] Denzinger. 1823.
 
[iv][iv] Ibid., 1825.
«Esta última afirmación no zanja la cuestión discutida por algunos teólogos de saber si es de derecho divino el que el obispo de Roma sea el here­dero de las prerrogativas de Pedro o si el vínculo entre la primacía y la sede de Roma fue establecido por Pedro por su propia iniciativa, lo que permitiría eventualmente a uno de sus sucesores el modificarlo (véase el análisis metódico de la elaboración de este cap. II por el p. U. Betti, La perpetuita del prímato di Píetro nei Romaní Pontefící secando il Concilío Vaticano, en Dívíníta», 3, (1959), p. 95-143). R. Aubert, op. cit. p. 319.
 
[v][v] Cf. Cap. XXI, LOS CONCILIOS DE BASILEA-FERRARA-FLO­RENCIA.
 
[vi][vi] R. Aubert. op. cit. p. 320.
 
[vii][vii] Denzinger, 1827.
 
[viii][viii] R. Aubert, op. cit. p. 320.
 
[ix][ix] Ibid, p. 321.
 
[x][x] Cf. Caps. XI-XV y Apéndice 4.
 
[xi][xi] R. Aubert, op. cit. p. 321. «Es innegable que si la constitución Pastor Aeternus afirma explícitamente que la primacía del soberano pon­tífice, tal como ella la define, no cercena en nada los derechos que los obispos poseen como, sucesores de los apóstoles, deja en la vaguedad la explicación de esta coexistencia». Ibid., p. 330. Tal explicación es la que intentará dar en nuestro sigla el concilio Vaticano II Cf. Cap. XXVI.
 
[xii][xii] «... el obispo está considerado bajo el punto de vista exclusivamente jurídico, ¿cuáles son sus derechos propios y cuáles son, a este res­pecto, los derechos del soberano pontífice- sin preocuparse de mostrar una exposición positiva al oficio propio del obispo a saber su función pastoral. Si bien se reflexiona, difícilmente podía ser de otro modo  en 1870, la teología del episcopado aún no había sido profundizada  y hasta se puede decir que aún no había sido abordada. La obra de Dom Grea De l’Eglise et de Sa divine constítution, que era una excepción en la época, es de 1885». R. Aubert, op. cit.. p. 307.
Preguntamos nosotros: ¿Al cabo de diecinueve siglos la Iglesia todavía no ha abordado la teología del obispo? Imposible En todo caso es la Iglesia romana la que no lo ha hecho hasta el concilio Vaticano II, pero es que la Católica antigua inició esta teología con Cipriano. Lo que ocurie es que el papa frenó esta última y ahora tiene que crear otra, de acuerdo can sus innovaciones.
 
[xiii][xiii] Denzincer. 1830.
 
[xiv][xiv] Cf. Cap. XI  INTRODUCCION A LOS CONCILIOS DE LA EDAD MEDIA.
 
[xv][xv] Cf. Caps. X, XVII y XXI.
 
[xvi][xvi] Denzinger, 1836.
 
[xvii][xvii] Cf. Apéndices 1, 4 y 5.
 
[xviii][xviii] Denzinger, 1839 1840. 

Citas Bíblicas: ¿Tiene dudas o temores?

Cuántas veces hemos experimentado temor en algunos aspectos de nuestra vida o dudas acerca de lo que debemos hacer. DIOS, nuestro Padre Celestial nos ha provisto de Su Palabra para indicarnos en lo que debemos confiar y el camino a seguir. Medite las siguientes citas bíblicas y el ESPÍRITU SANTO le guiará en su búsqueda para combatir esas dudas y temores que asaltan a su mente.

VERSÍCULO CENTRAL


Filipenses 4:13                         Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.   



La confianza en el poder de Dios    Por Charles Stanley

Humanamente hablando, el apóstol Pablo tenía mucho de qué jactarse —sus credenciales se encuentran en Filipenses 3.4-6. No obstante, él sabía que esos logros no eran lo que realmente importaba. Pablo entendía acertadamente que conocer a Cristo y confiar en Él eran la fuente del verdadero valor en la vida.
Al escribir con tal modestia, el apóstol es un buen ejemplo de cómo debemos vernos a nosotros mismos —o sea, como el Padre nos ve. La mejor manera de hacerlo es reconocer a Dios como la fuente de nuestro poder: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (4.13).
Muchos de nosotros conocemos este versículo de memoria, pero ¿hemos aceptado la verdad que contiene? El énfasis no está en “lo puedo”, sino en el hecho de que lo puedo en Cristo —Él nos da todo lo que necesitamos para llevar a cabo su plan para nuestras vidas.
Este versículo es la confesión de que no podemos hacer la voluntad de Dios con nuestras propias fuerzas. Pero eso no significa que debemos simplemente cruzarnos de brazos y convertirnos en simples espectadores. Como cristianos, tenemos la responsabilidad de obedecer la dirección del Señor en todo, pues, son nuestras manos, pies, cuerpo, voz, compasión y deseos, los que el Señor usará para llevar a cabo sus grandes propósitos para nuestras vidas.
Obedecer por fe puede parecer atemorizante, pero mantenerse a salvo cómodamente no es lo que el pueblo de Dios elige. Hacer todo por medio de Cristo implica tomar riesgos, pero usted descubrirá que las recompensas por la obediencia son profundamente gratificantes.

2 Corintios 3:5   no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios,



Romanos 4:21  plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido;



Hebreos 10:23   Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.


Isaías 41:10            No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, 

porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré,

 siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.



Salmos 89:34                                                             No olvidaré mi pacto,


Ni mudaré lo que ha salido de mis labios.


Isaías 46:11         que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana

 al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; 

lo he pensado, y también lo haré.



Malaquías 3:6                                           Porque yo Jehová no cambio;...



Zacarías 13:9     Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré 

como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro.

 El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: 

Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.


Mateo 7:7-8                          7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis;

 llamad, y se os abrirá.

Porque todo aquel que pide, recibe; 
y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.


Santiago 5:16          Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad 

unos por otros, para que seáis sanados. 

La oración eficaz del justo puede mucho.




1 Tesalonicenses 5:24           Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.


Salmos 119:160                                  La suma de tu palabra es verdad,


Y eterno es todo juicio de tu justicia.

Salmos 112:7                               No tendrá temor de malas noticias;


Su corazón está firme, confiado en Jehová.

2 Pedro 3:9            El Señor no retarda su promesa, según algunos

 la tienen por tardanza, sino que es paciente 

para con nosotros, no queriendo que

 ninguno perezca,

 sino que todos procedan al arrepentimiento.


2 Corintios 1:20        porque todas las promesas de Dios son en él Sí, 

y en él Amén, por medio de nosotros, 

para la gloria de Dios.


Salmos 84:11                             Porque sol y escudo es Jehová Dios;


Gracia y gloria dará Jehová.
No quitará el bien a los que andan en integridad.

             Job 22:27

Orarás a él, y él te oirá;

Y tú pagarás tus votos.

1 Timoteo 1:15            Palabra fiel y digna de ser recibida por todos:

 que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a 

los pecadores, de los cuales yo soy el primero.




Isaías 58:9      Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, 

y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio 

de ti el yugo, el dedo amenazador, 

y el hablar vanidad;




Salmos 34:17                               Claman los justos, y Jehová oye,


Y los libra de todas sus angustias.

Efesios 3:12               en quien tenemos seguridad y acceso con 

confianza por medio de la fe en él;



Salmos 4:3                      Sabed, pues, que Jehová ha escogido 

al piadoso para sí;


Jehová oirá cuando yo a él clamare.


Salmos 34:15             Los ojos de Jehová están sobre los justos,


Y atentos sus oídos al clamor de ellos.

Lucas 12:29, 31            29 Vosotros, pues, no os preocupéis por lo 

que habéis de comer, ni por lo que 

habéis de beber, 

ni estéis en ansiosa inquietud. 


31 Mas buscad el reino de Dios, 

y todas estas cosas os serán añadidas.




Comer y convivir "con los pecadores"


En la actualidad nuestra religiosidad nos hace ver a las personas que "no son cristianas" como pecadores y a quienes debemos evitar. Hacemos acepción de personas. No convivimos con ellas y cuando lo hacemos, les damos bibliazos tomando un papel de "santos y perfectos".

Jesús amó a los pecadores

No hay forma de que podamos escapar de esta realidad: Él pasó mucho tiempo en   compañía de pecadores. En una escena, seguramente representativa de otras tantas, lo observamos sentado a la mesa, rodeado de recaudadores de impuestos y pecadores (Mateo 9). Los fariseos se escandalizaron por la aparente frivolidad de esta costumbre, y lo descalificaron como «un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores» (Mt 11.19). No obstante, él insistió que no había venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, porque «los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos» (2.17). Los pecadores representaban la esencia de su misión.
Su firmeza en este punto nos incomoda un poco en el contexto de la Iglesia que conocemos hoy, porque la maldad que vemos en el mundo nos ha llevado a refugiarnos en nuestras reuniones y relacionarnos solamente con aquellos que tienen los mismos valores que nosotros. Frente a las manifestaciones más groseras de pecados sentimos desesperación, como si fuera razonable esperar que un mundo en tinieblas fuera mejor de lo que realmente es. Nuestra desilusión nos aparta de aquellos que pretendemos socorrer. Cuando solamente esperemos del pecador una conducta pecaminosa, sus acciones no despertarán en nosotros rechazo. Sospecho que Jesús vivía rodeado de pecadores porque ellos sabían que él, sin avalar el estilo de vida que llevaban, no los condenaba como personas porque solamente se conducían tanto como su naturaleza se los permitía. Y algo muy importante, ya que de este argumento se toman los falsos maestros y predicadores modernos, seguidores del evangelio del tío sam para atrapar adeptos.  DIOS NO AMA EL PECADO.

Jesús se movió entre los pecadores

Jesús llevaba a cabo su vida y ministerio en los lugares donde estaba la gente. No encontramos una sola instancia en los evangelios en que los discípulos salieran a invitar a personas a una reunión con Cristo, ES DECIR CRISTO JESÚS NO “HACÍA” campañas evangelistas, donde solo se mueven las emociones, más bien él se encontraba con multitudes de necesitados a medida que transitaba por los mismos caminos y frecuentaba las mismas reuniones que ellos. La calle proveía el marco ideal para que el evangelio llegara a quienes nunca asistirían a una sinagoga o se sentían excluidos del severo sistema religioso de los fariseos.
Hoy, 90% de las actividades de la Iglesia tienen como objetivo la atención de los justos, no de los enfermos. Ocasionalmente invitamos a los pecadores a que se acerquen a nosotros para que puedan disfrutar de alguna bendición espiritual. La mayoría, sin embargo, no participará nunca en una reunión evangélica. Nosotros deberemos ir a los lugares donde ellos están. De hecho, todos los días estamos en los mismos lugares, pero nuestra tendencia a creer que solamente en las «reuniones eclesiásticas» se desarrollan actividades espirituales nos ha llevado a descartar las mejores oportunidades para ministrarlos. Necesitamos que el Señor vuelva a abrir nuestros ojos a la vida que transcurre a nuestro alrededor para que, en el momento oportuno, podamos realizar nuestro aporte, en el nombre de Jesús.

Jesús no excluyó a nadie 

¡La lista de la clase de personas que se acercaron a Cristo es extraordinaria! En ella encontramos a un jefe de recaudación de impuestos muy odiado por el pueblo, a una mujer que ya iba por su sexto marido, a un desagradable leproso, a una mujer de mala vida, a un representante del enemigo y hasta a una cananea que, sin modales algunos, lo siguió a gritos hasta que consiguió lo que le pedía. Los improbables beneficiarios de la bondad de Dios, en las parábolas que contaba, son personas tales como un despreciable samaritano, unos holgazanes que trabajaron apenas una hora junto a otros que habían sudado el día entero, o un hijo que malgastó la fortuna que su padre, con tanto sacrificio, había juntado a lo largo de toda una vida de trabajo.
No cabe duda de que cierta clase de persona hoy en día, como los homosexuales, las prostitutas, los enfermos de SIDA o los transexuales, representan los estilos de vida más alejados de la realidad que atesoran los que son de la casa de Dios. No obstante, ellos también son bienvenidos en la familia del Señor. Nunca lo sabrán, sin embargo, hasta que nosotros se lo mostremos. Lejos de pasar «al otro lado de la calle» cuando se cruzan en nuestro camino, el Señor nos llama a extenderles la misericordia y compasión que nunca han recibido de nadie.

Jesús estuvo dispuesto a que lo usaran

Pedro, testificando de Cristo a Cornelio, afirmó que «Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El» (Hch 10.38 LBLA). La frase «hacer bien» capta la esencia del corazón del Padre el cual, según Lucas, «es bondadoso para con los ingratos y perversos» (6.35). Los diez leprosos resumen lo que fue la experiencia de Jesús a la largo de tres años de ministerio: solamente uno de ellos respondió adecuadamente al regalo que había recibido del Señor. Muchos le seguían solamente por el beneficio que podían obtener. No obstante esto, Jesús ministró con la misma generosidad y bondad a cada uno de ellos, sin poner condiciones para la recepción de estos regalos.
Nuestras incursiones entre los perdidos muchas veces duran solamente el tiempo necesario para establecer si se van a «convertir» o van a comenzar a «asistir» a nuestras reuniones. No debe sorprendernos su falta de respuesta, pues ellos perciben que tenemos intereses escondidos. La vocación de ser sal y luz en la tierra implica el deseo de hacer bien a todos según uno pueda, sin importar la respuesta que nuestros esfuerzos reciban. Podemos ser generosos con otros, porque, en nuestras propias vidas, hemos recibido los   beneficios de la misma bondad inmerecida.

Jesús impulsó a los discípulos hacia un compromiso con otros

Cuando los Doce lo animaron a que despidiera a la multitud para que fuera en busca de su propio alimento Jesús los exhortó: «denles ustedes de comer» (Mt 14.16). A pesar de que aún quedaba mucho camino por recorrer en el proceso de formación de ellos, reunió primero a los Doce y luego a los setenta y los animó a hacer por otros lo mismo que él estaba haciendo: los envió a proclamar la llegada del reino, a expulsar demonios y a sanar enfermos (Mt 9 y 10). Poco antes de partir se presentó entre los discípulos, ya resucitado, y les declaró: «como el Padre me ha enviado, así también yo los envío» (Jn 20.21). En todo, Jesús buscó la forma de combatir la tendencia natural en los hombres a pensar siempre en sus propias necesidades.
El concepto de que los pastores y líderes son los que tienen un «llamado» al ministerio está tan fuertemente arraigado entre nosotros hoy que la congregación de los santos se ha vuelto pasiva, espectadora del trabajo de unos pocos. La responsabilidad de ministrar en un mundo necesitado, sin embargo, ha sido entregada a todos aquellos que son parte de un «reino de sacerdotes» (1 Pedro 2.9–10). Debemos trabajar sin descanso para que cada uno tenga la misma pasión y vocación de servicio que Cristo formó en los primeros discípulos. Cuando la Iglesia completa se ponga en pie, ¡se habrá despertado un verdadero gigante!


Cuando Jesús los oyó, les dijo: «La gente sana no necesita médico, los enfermos sí. No he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores».
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